domingo, 16 de marzo de 2014

My new life

Hace un buen rato he tenido la intención de contar poco a poco, como es mi nueva vida en el país del queso, las baguettes y la gente que huele muy bien (NOT). Y hay muchas cosas que decir gracias a todas las nuevas experiencias a las que uno está expuesto cuando decide cambiar su país de residencia, así sea por unos cuantos meses.
Desde acostumbrarse a un nuevo idioma o acostumbrarse a que extranjeros con otra lengua materna intenten hablar español con un acento “españolete”. Pasando por, la duda constante de no saber si cruzar las calles como si estuviéramos en nuestra tierra natal donde no le importa a uno nada o poco la cultura ciudadana, o tal vez intentar comportarse según las supuestas normas sociales, para luego darse cuenta que la gente acá también se cruza los semáforos en rojo, orina en las calles, bota basura al suelo, etc. Hasta, acostumbrarse a que las únicas frutas en la bolsa de mercado serán manzanas y unas diminutas mandarinas, ya que son las más económicas y el bolsillo de estudiante no da para más.
Y eso es lo que hace que a pesar de la rutina, cada día sea una experiencia especial; tengo ya un gran arrume de pequeñas detalles que me transforman día a día, unos tan banales como no poder cortarse el pelo por estar acostumbrada a ir a un lugar mas o menos decente por 10mil pesos pero acá me quieren sacar desde 25euros por uno de ellos. Otros un poco mas personales, como entender que el país y por lo tanto el ambiente en el que uno se haya criado determina poco o mucho la forma de ser y de reaccionar a diferentes situaciones; por ejemplo, puede pasar que alguien pierda sus cabales en situaciones simples en las que a mi posiblemente ni me genere un mínimo de ansiedad, o puede pasar que no te quepa en la cabeza como puede haber seres tan tímidos y que puedan no decir ni una sola palabra en una reunión, tan solo porque los criaron para no hablar ni expresarse.

La verdad es que me quiero quedar por acá, aunque no para toda la vida. Y no es por las razones que suelen pensarse, en este momento de crisis y post crisis económicas no sé que tantas más oportunidades pueda ofrecerse por fuera de Colombia, y la verdad no quiero ser un “cerebrito perdido” que se fue de su patria sin intentar antes mejorar la situación en casa. Las razones son muy diferentes, solo quiero cambiar de ambiente y conocer lugares nuevos, ya conozco mucho mi ciudad y tengo mucho tiempo en la vida (si al salir del trabajo no me estrella un bus) para regresar.


Tal vez, no es que me quiera quedar acá, rectificando, es que no me quiero quedar en ningún lado. No tengo razón alguna para establecerme en ningún lado, ninguna pertenencia ni relación que me obligue a quedarme en un lugar en especial. Parece ser que soy nómada y en este momento de mi vida, recorro libre el mundo.

sábado, 8 de marzo de 2014

Insisto, las apariencias engañan


Cada vez que conozco una persona en mi vida, así sea alguien con quien voy a pasar bastante tiempo juntos cómo un colega de trabajo, o simplemente alguien que conocí por azar, tengo la costumbre (o será naturaleza humana?) de hacerme una idea de como es su forma de ser, su carácter y su personalidad, inclusive antes de cruzar cualquier palabra, tan solo con ver su forma de actuar y su lenguaje corporal, mi mente maquina rápidamente una idea de quien es esa persona.

Pero, luego de entablar una conversación con esa persona, así sea de un tema sin trascendencia en el que no es posible evidenciar cómo esta persona piensa o que argumentos tiene, todo cambia un poco. Uno o yo, me doy cuenta que mi mente es muy veloz cuando es el momento de hacerse la idea o la imagen de alguien, no me da tiempo de razonar, simplemente juzga sin realmente observar.

Todo esto tiene su lado bueno y su lado malo. Sí, es cierto que es cómo juzgar a ojo cerrado sin darle la oportunidad a la otra persona de mostrarse como es, y tal vez si es alguien con la que no tendré la oportunidad de intercambiar palabras, nunca sabré como realmente es esta persona, y tendré una idea tal vez totalmente distinta de como en realidad es.
Pero hay algo bueno en todo esto, y es que nunca dejas de sorprenderte. Normalmente, mi opinión o la idea que me había hecho de alguna persona cambian para bien, porque en un principio generalmente me hago una mala idea de la gente. Así que, cuando logro conocer un poco mas a las personas descubro que son diferentes a lo que me había imaginado, tal vez menos serios, tal vez menos bravos, tal vez menos rudos, etc.


No quiero ser clichésuda, ni parecer un libro de Cohelo que te da lecciones de autoayuda para la vida, solo digo que no es buena idea dejarse llevar por las primeras impresiones, porque solo son eso impresiones. Hay que permitirse ir mas afondo y dejar que las personas entren en tu vida, así sea por un ratico; dejar de ser tan testarudo y creer que por un gesto, en movimiento o algo parecido, uno puede ya saber como es alguien. Hay hechos que son muy circunstanciales, y tal vez ese día la persona se levanto con el pie izquierdo y te respondió con una piedra en la mano, o tal vez ese el día anterior no durmió bien y se ve mas calmado o perezoso que a comparación de como seria normalmente…todo está sujeto a muchas cosas y muchas cosas están sujetas a todo, “y viceversa, en el sentido contrario, mujer con mujer, hombre con hombre”…