Hay tantas
versiones para “un adiós”. Despedirse de un amor, despedirse de un amigo,
despedirse de la familia, despedirse de cualquiera. Despedirse porque se quiere
partir, despedirse porque toca, o por las dos al tiempo. Despedirse por un día,
un año y tal vez sin saber hasta cuando. Despedirse siempre es complicado en la
mayoría de las circunstancias. Cuando tu no quieres despedirte, pero la otra
persona te abandona sin decir demasiado, es triste pero tal vez es mas fácil
asi, tu solo tienes que escuchar y olvidar. Pero cuando dos personas que se
quieren tienen que decirse adiós y peor aun, sin saber hasta cuando, sin saber
cuando la vida los volverá a reunir en un mismo lugar y hora, es por decir
algo, terrible. Decir adiós a mis amigos, que regresan a casa a miles de km y
yo sin saber donde parare…esa si es de las peores despedidas.
La vida es así,
no puede ser estática, no podemos quedarnos compartiendo con las mismas
personas toda la vida, todo es un ciclo y hay que seguir, pero las despedidas
se me quedan atravesadas en mitad del pecho, es una incomodidad que no es fácil
de digerir.
A los que
se van poco a poco, a los que se van de un totazo, a los que no tienen el coraje
de despedirse de manera decente, a los que los abrazos ni lagrimas son suficientes
para mostrar cuanto los extrañare, a los que quiero pero no me quieren, a los
que me olvidaron de manera rápida, a los que pronto se irán…de alguna u otra
manera todas las personas que han pasado por mi vida, me han marcado y
cambiado, así haya sido un año, un mes o un verano, pero se que algo dentro de
mi cambio gracias a todas esas personas.






